Final Four, deporte y marca de ciudad

Acoger un evento como la Final Four siempre es motivo de alegría por su dimensión y por el reconocimiento que supone para la trayectoria baloncestística de la ciudad y particularmente de su equipo, Saski Baskonia. Pero una vez que todos nos hemos congratulado por ello, creo que ha llegado la hora de preguntarse si podemos hacer de esto algo más que un hito que otorgue a la ciudad una notoriedad puntual a nivel mundial y una dinamización económica limitada a unos pocos días y unos pocos sectores (hostelería, alojamientos). Es el turno de pensar en qué medida el deporte forma o puede formar parte de nuestra identidad como ciudad (marca ciudad) y ser un motor de su actividad económica y social.

Contamos con unos mimbres envidiables para ello. Baskonia y Alavés son clubes modélicos en su modelo de gestión, envidiados y copiados en Europa y todo ello en el contexto de una ciudad de tamaño medio que no cuenta con los recursos de las grandes urbes. Vitoria goza de unas instalaciones deportivas mejorables, si, pero muy por encima de la media de cualquier ciudad de su entorno. Un escenario natural inigualable (Anillo verde, Montes de Vitoria, Embalse de Ullibarri). Deportistas de primer nivel como Martín Fiz, Iván Fernández, Elena Loyo, Eneko Llanos o Tania Calvo (perdón por los que me dejo sin nombrar). Profesionales de primer nivel mundial (triatlón, natación…) que entrenan regularmente en Vitoria. Y eventos consolidados o recurrentes como el Triatlón de Vitoria, Maratón Martín Fiz, Carreras populares o varias ediciones de la Copa del Rey (también otros que lamentablemente se han perdido como Mendi Film Festival o Euskal Gym). El reto consiste en saber aprovechar la Final Four para articular todos estos elementos y hacer que el deporte se convierta en una seña de identidad de la ciudad y en un motor económico y social.

Vitoria nunca acogerá una final de Champions League, ni será sede de un mundial de fútbol ni celebrará unas olimpiadas. Pero puede acoger eventos de tamaño medio que sirvan para crear cultura del deporte (como ya está ocurriendo) y dinamizar la economía. Sin embargo, no es la atracción de eventos la cuestión crucial, sino generar dinámicas que favorezcan un desarrollo de la industria del deporte. La educación (Grupo Baskonia Alavés presentó su proyecto de Universidad y recordemos también que aquí tenemos una Facultad de Ciencias del deporte que en ocasiones parece vivir de espaldas a la ciudad) y la investigación (salud, rendimiento deportivo, material y equipamientos, impacto social del deporte) podrían ser la base sobre la que sustentar un entorno económico en el que desarrollar empresas y proyectos con impacto en el mundo del deporte: empresas de gestión, eventos, alojamientos especializados, biotecnología, staff técnicos, materiales, aplicaciones del Internet of things al deporte, o como en otras ciudades, alojamientos, servicios e infraestructuras especializados para equipos profesionales o aficionados amateurs.

Además, el deporte ofrece una dimensión social que engarza con los que para mí son los dos ejes sobre los que se asienta la marca de la ciudad y sobre los que puede crecer y desarrollarse en el futuro: la sostenibilidad medioambiental y la salud. Una concepción del deporte relacionada con la mejora del bienestar social, la salud, la transmisión de valores, la cohesión social y la sostenibilidad ambiental se convierte en un activo para todas las personas que vivimos aquí.

En manos de todos, aunque de unos más que de otros, está que esta Final Four no quede como un bonito recuerdo (que a ser posible termine con Baskonia como campeón de Europa) sino que sea el embrión de algo más grande para una ciudad muy necesitada de afianzar su identidad para desarrollarse en lo económico y lo social. Veremos si al fin podemos encontrar un rumbo o si, como ocurrió con Green Capital o la capitalidad gastronómica, nos volvemos a quedar a medio camino.