Rajoy no tiene WhatsApp

Mariano Rajoy no está preparado para ser Presidente de un Gobierno. Tampoco para desempeñar ninguna función de responsabilidad en estamento alguno. Cuando el Presidente en funciones le contó a Jordi Évole que WhatsApp no, pero que tenía Tuit, Facebook y SMS normales, se convirtió en carne de tuiteros ávidos de criticar su limitada capacidad verbal. Pero más allá de la anécdota, creo que esa afirmación encierra un importante significado.

WhatsApp se ha convertido en la aplicación más utilizada del mundo. Tiene más de 1000 millones de usuarios y las personas que no la tienen o son personas de edad avanzada; o no tienen acceso a smarthphones, redes de datos o wifi; o son un rara avis. Rajoy es de estos últimos. No sería viable que yo trabajara con un compañero que no tuviera WhatsApp. Sin entrar en otro tipo de valoraciones sobre el uso desmedido del mismo, el cómo afecta a la productividad o a las relaciones personales, que daría para otro post, la realidad es tozuda. Hablamos por WhatsApp con nuestras madres, nuestras parejas, amigos, familia, los compañeros de equipo, la cuadrilla de blusas o nuestro primo que vive en Londres. Nuestros clientes nos preguntan dudas por WhatsApp, los proveedores nos envían un mensaje para saber si hemos recibido el material. Tenemos grupos entre colaboradores, compañeros y a veces grupos mixtos de equipos de trabajo que integran a mi equipo con el cliente.

Si yo fuera Presidente de un Gobierno, algo que considero altamente improbable, supongo que tendría también varios grupos de WhatsApp: uno con mis ministros, otro con el grupo parlamentario, la dirección de mi partido, mis asesores más directos, los Presidentes del Eurogrupo, y entiendo que varios más. Alguien que no está conectado a estos niveles debe sentirse marginado, aislado y desplazado (lo cual podría explicar muchas cosas de las que han ocurrido en España y en el Partido Popular en los últimos años). No defiendo WhatsApp como empresa, como marca ni como aplicación. Pero vivimos en un mundo digital. Las barreras del tiempo y del espacio han desaparecido. La información viaja de un lado de manera inmediata. El concepto de “noticia” se ha transformado. Y todo ello obliga a que la decisiones se tomen de forma más rápida y ágil. Y más allá del WhatsApp, la mensajería instantánea se torna como herramienta básica en la gobernanza de las organizaciones y también de nuestras vidas. Sólo pensar la velocidad a la que viven Maroto y Casado debería asustar a Rajoy. Cuando él va, sus jóvenes vicesecretarios vuelven.

No quiero estigmatizar a Rajoy porque no tenga WhatsApp. Ese no es el problema. Imagino que para él todo se circunscribe a un tema generacional y tecnológico, porque ya explicó que su hijo de 16 años (a quien todos conocemos) es muy diestro con esto de la tecnología. Pero Rajoy se equivoca (y es que no se puede acertar siempre en esta vida). Como demuestran los Papeles de Panamá, no hablamos de tecnología sino de flujos de información. El problema es que dudo que Rajoy haya contratado alguna vez su casa de vacaciones a través de Airbnb. No creo que use MyTaxi. Supongo que no tiene cuenta en Spotify ni ha visto una película en Netflix. En Moncloa no harán la compra online. Quizás no sepa que el mundo de la música, el editorial, el cine, el hotelero, los medios de comunicación y otros muchos han cambiado para siempre, y que la piratería no tiene nada que ver en ello. Me aventuro a pensar que Mariano Rajoy no ha visitado ni la edición digital del Marca.

Este problema no atañe sólo a Mariano Rajoy. Me relaciono a menudo con Presidentes, Directivos y mandos intermedios y esto que digo del Presidente del Gobierno del Reino de España vale también para muchos de ellos. Les da pereza usar el Facebook, no entienden Twitter y en Linkedin abrieron un perfil pero han olvidado el password. Cuando no usas las herramientas, eres incapaz de entender las normas que rigen las nuevas relaciones y la economía digital. Supongo que así será difícil gobernar un país.

La crisis es el tiempo que transcurre cuando lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer. Tenemos demasiados dinosaurios dirigiendo organizaciones mastodónticas y países enteros. No sé si a ellos se les puede aplicar el “Too big to fail”. Pero encontrar nuevas soluciones exige entender el nuevo contexto en el que vivimos.