Significados, niveles y límites de la colaboración

Igual que ha ocurrido antes con otras palabras y conceptos (sostenibilidad, democracia participativa, innovación, transparencia…) la “colaboración” se enfrenta al duro proceso de convertirse en una palabra vacía de significado. Prueba de ellos es que podemos escuchar hablar de colaboración a personas tan dispares como un Ministro de Economía, un hippie bohemio, un empresario sin escrúpulos o un activista social sin que ninguno de ellos llegue si quiera a pestañear.

En los tiempos líquidos y de incertidumbre que vivimos, la “colaboración” ha irrumpido al albor de nuevas lógicas en los ámbitos empresariales o sociales. ¿Te acuerdas de esa empresa a la que siempre has mirado a regañadientes, con la que te has pegado por los clientes hasta casi llegar a la sangre? Pues ahora tienes que colaborar con ella. Es tan fácil pensarlo como difícil levarlo a la práctica. Colaborar es una palabra que utilizamos ya de manera recurrente y creo que muy a la ligera. Por eso, pensando en mi día a día y en mis relaciones con el entorno la he clasificado en varios niveles. No es un modelo académico, sólo el fruto de mi experiencia:

Nivel 0+1=1

A menudo tildamos o nos tildan de colaboradores cuando realmente somos simples proveedores. Alguien me paga para hacer un trabajo que no sabe o no puede hacer. Ni si quiera creo que debamos hablar de colaboración en este caso. Un diseñador gráfico que te hace un flyer no es un colaborador igual que el camarero del bar tampoco lo es. Simplemente, tienen o saben hacer cosas que tú no. Les pagas por ello y punto.

Nivel 1+1=2

Este es un caso muy frecuente en el ámbito digital. Por ejemplo, cuatro frikis nos juntamos para hacer un blog sobre marketing. Cada uno escribimos un post a la semana y parece que la cosa va tirando. Eso está muy bien pero en realidad tiene poco de colaborativo. Simplemente cada uno escribe sus post y ya está. A veces me descargo e-books de Internet escritos por varios autores. Ni si quiera se conocen entre ellos pero un editor les ha pedido que expliquen en un capítulo unas ideas sobre un tema, luego los junta todos y hace un e-book que llaman “colaborativo”. Me gusta leer e-books de este tipo pero no creo que podamos hablar de un modelo colaborativo.

Nivel 1+1=3

Aquí creo que podemos hablar de un modelo de colaboración algo más avanzado y que puede aportar valor. Dos o más empresas o personas se juntan y generan nuevos negocios y/o nuevas oportunidades. Skoda e Imaginarium se unieron para crear un vehículo novedoso, orientado hacia un segmento de clientes muy específico para solucionar una necesidad, en este caso un coche con prestaciones adecuadas a las familias y a los niños. Es en casos de hibridación como este en los que la colaboración puede convertirse en algo exponencial. Si un Director Creativo se junta con un Director de Arte, o un abogado penalista con uno económico, el resultado puede ser óptimo pero previsible. ¿Qué ocurriría si se juntaran una cocinera con un diseñador de moda, un músico con un programador o un arquitecto con un sociólogo? La colaboración abre las puertas a encontrar nuevas y originales soluciones en forma de ideas, proyectos o empresas.

skoda yeti

Nivel 1+1+1=1000

Estaríamos hablando de lo que llaman economía colaborativa. Creamos modelos de negocio en los que el activo más importante es la comunidad. Wikiloc puede ser un ejemplo de ello, amén de los archimencionados Airbnb o Uber. Son empresas que ponen de manifiesto un cambio en la economía tradicional. Los roles de productores, vendedores y distribuidores quedan difusos y los consumidores adoptan uno o varios de esos papeles al mismo tiempo. En otra escala pero a este mismo nivel podríamos hablar de Open Innovation, Crowdsourcing o cocreación con grupos de interés. Enfoques diferentes para que las compañías se relacionen de otra manera y maximicen esas relaciones abriéndose hacia el exterior en funciones como la innovación o la comunicación que tradicionalmente se han realizado dentro de la empresa con un grupo reducido de empleados.

Más allá de una moda, creo que estamos ante un cambio de paradigma en la economía y en la manera de hacer negocios. Las personas, las empresas y cualquier proyecto va a tener que relacionarse con su entorno de una forma más abierta para crear más y mejores conexiones. No es una estrategia sino una actitud y una manera de relacionarse con el entorno y estar situado en el mercado. Y triunfarán quienes sepan poner en juego nuevos valores antes que quienes colaboran por pura supervivencia. Identifico en esta línea cuatro valores centrales:

  • Empatía: Relacionarse es un acto de empatía y la empatía no consiste (sólamente) en ponerte los zapatos de otro; también tienes que quitarte los tuyos. Saber escuchar e interpretar lo que ocurre en tu entorno como punto de partida de una nueva manera de hacer las cosas.
  • Humildad: En un contexto tan complejo como el que vivimos, la humildad facilita cualquier dinámica colaborativa. Los egos y la prepotencia no caben en un nuevo escenario en el que cualquier colaborador o cliente sabe más que nosotros.
  • Confianza: Cuando hablamos de relaciones entre dos o más personas o empresas, la confianza es la llave que abre todas las puertas. Puedes tener un proveedor o una empresa con la que trabajas habitualmente pero con la que no generas lazos de confianza, sea profesional o sea personal. El saber que esa persona no te va a fallar, que no te va a traicionar, que va a responder adecuadamente, que te va a ayudar cuando lo necesites. La confianza se construye con tiempo, con pequeños gestos y con honestidad.
  • Generosidad: No hablo de trabajar gratis, sino de ser generoso con tu círculo de confianza. No sé si soy ingenuo pero pienso que cuando uno es generoso con quien debe serlo, al final acaba recogiendo sus frutos.

A menudo se confunden términos como colaboración, coworking o simplemente, compartir un espacio en una oficina. Desde hace unas semanas comparto espacio con varios ex-compañeros inmersos en sus proyectos: Ciudadano Kane y Mitumi. Ex-compañeros que vuelven a ser compañeros y con los que evidentemente tengo forjada una estrecha relación de confianza desde años atrás. Comparto espacio de trabajo con ellos y en ocasiones comparto proyectos que desarrollamos de forma complementaria. Pero también esperamos que en el corto y medio plazo seamos capaces de generar nuevas oportunidades de negocio. Y además, tengo una red de colaboradores con los que trabajo en muchos proyectos sin la necesidad de compartir un espacio. Es una red pequeña, pero segura, porque se basa en la confianza que tenemos los unos en los otros. En el futuro quiero abrir mi red de colaboradores. Y quiero que mis colaboraciones sean capaces de generar nuevas oportunidades. Tengo muy claro hacia donde ir, pero también tengo claro que colaboraré con quien realmente me apetezca. Con personas que sean (muy) buenas en lo suyo pero no sólo eso; también con gente con quien comparta una visión y unas valores. Hay que seguir sembrando para luego recoger.

La foto es de Radion Kutsaev