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De arqueólogo a hombre orquesta

Se está poniendo el sol sobre Vitoria cuando cruzo la puerta de la cafetería. Saludo al barista y pido mi habitual Flat White. Mientras me siento en mi sitio suenan las campanas de las seis. El café llega en lo que termino de sacar mi iPad, un cuaderno y la pluma de mi bandolera. Justo a tiempo para alimentar la conversación que se avecina.

Reviso las páginas del cuaderno al vuelo hasta encontrar las preguntas. Es una edición especial de Field Notes de verano de 2018 con una foto de la misión espacial Apollo que llevó al hombre a la luna. Es tan bonito que da pena mancharlo con mi horrorosa letra, pero qué se le va a hacer.

Creo que eres la única persona que conozco que tiene una colección de plumas y cuadernos. ¿No es una contradicción que alguien tan friki de la tecnología sea un amante del papel?
Me encantan todas las pijadas, tanto las digitales como las analógicas. Hay gente super-tecnológica y también están los que creen que tanta pantalla va a derretirnos el cerebro, pero la verdad es que hay espacio para todo.
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Además, todos estos chismes tienen algo especial que me resulta de lo más inspirador. No es lo mismo escribir esta entrevista en un folio cualquiera con un boli mordisqueado que hacerlo en una máquina de escribir o usando una TWSBI ECO que he rellenado yo mismo -aseguro mientras observo los matices de la tinta como si de un buen vino se tratara.

No sé si os lo habrán preguntado a Miguel y a ti alguna vez, pero ¿hace falta tener algún tipo de experiencia en el mundo agrario para ser un verdadero Hortelano?
Mi experiencia con las huertas ha sido corta pero intensa -sonrío mientras le doy un sorbo a mi Flat White. Verás, cuando era pequeño mis padres me mandaban cada verano al pueblo con mis abuelos. Uno de esos que hoy forman parte de la España Vacía y que en la crisis tuvo el honor de ser el municipio con más deuda por habitante del país.
Viajábamos en un Lancia Delta rojo que olía a Cuéntame. El coche iba hasta los topes. Mi abuelo, mi abuela y el perro iban en la primera fila y yo iba atrás con los trastos. Te puedes imaginar el viaje. No sé si era peor la carretera o escucharme preguntar “¿cuánto queda?” cada cinco minutos.
Como la mayoría de niños no llegaban hasta agosto, mi abuelo me entretenía haciéndome su ayudante en la huerta. Incluso tenía mi propia cabaña y herramientas a medida.
Un día se me ocurrió hacer algunos arreglos por mi cuenta. Cogí una azada y me puse a talar un pequeño manzano que molestaba. Ese día Dios escuchó a mi abuelo y desde entonces yo no volví a pisar la huerta y el manzano no volvió a dar frutos.
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Vamos, que de pequeño no querías ser Hortelano, ¿no?
¡Qué va! Yo lo que quería era ser arqueólogo y recorrer el mundo descubriendo tumbas con mi látigo y mi sombrero.

¿Y cómo acaba un futuro arqueólogo estudiando periodismo?
Bueno, cuando me enteré que no se iba con látigo ni pistola lo de la arqueología perdió bastantes puntos. Además, no me gusta tener las manos llenas de tierra y barro.
No sé si te habrás dado cuenta, pero me gusta mucho hablar y cacharrear así que en su momento se me ocurrió la brillante idea de estudiar periodismo. A algunos compañeros les emocionaba la idea de desenmascarar la verdad, pero a mi lo que me apasionaba era aprender a usar todo tipo de herramientas para contar historias.

Y luego te pasaste al lado oscuro... 
Así es. Aunque si me llegas a decir con 12 años que me dedicaría al marketing y la publicidad no te creería. De pequeño odiaba los anuncios. Son aburridos, te interrumpen todo el rato... no te dejan disfrutar de las cosas.
Aunque hay una parte de la industria que parece empeñada en mantener las mismas costumbres -sólo hay que ver los banners de algunos periódicos-, con la llegada de internet el panorama ha cambiado por completo. En los 90 las marcas eran las que seguían a los consumidores allá donde fueran y aquí estamos en 2020 con los clientes siguiendo a las marcas por motu propio en Instagram.
¿Y qué ha cambiado para que lleguemos a este punto?
A día de hoy todos tenemos muy interiorizado el concepto de marca, tanto que casi no hay empresa, producto o, incluso, persona que no tenga la suya propia. Lo que sí ha cambiado son los elementos que definen esa marca. Hasta ahora eran un logo, una paleta de colores o un jingle, pero hoy en día va mucho más allá: tienen una historia, unos valores, una personalidad... Como consumidores nos identificamos con ellas, creamos un vínculo y queremos formar parte de esa comunidad.
Con internet y las últimas tecnologías tenemos posibilidades casi ilimitadas, pero eso supone una oportunidad tan grande como peligrosa -Le doy el último sorbo al café-. No es lo mismo que el contenido esté al servicio de la marca que la marca esté al servicio del contenido.
Explícate... 
Estos últimos años algunas marcas han querido subirse al carro de innovación sin tener muy claro cómo, por qué o para qué. Antes de lanzarte a crear ninguna cuenta en redes sociales es necesario que definas tu marca, tus objetivos y plantees la estrategia adecuada.

Osea que has dejado el periodismo para ser un influencer en la sombra.
Algo así.

Antes me he dado una vuelta por tu LinkedIn y he visto que escribes, sacas fotos, haces vídeos, páginas web, podcast... ¿No te sientes como un Hombre Orquesta?
Hay días que sólo falta que me tiren monedas, aunque con el sentido musical que tengo seguro que me tirarían tomates -bromeo. Cuando estudiaba muchos profesores hablaban de la importancia de la híper-especialización. Más allá del hecho de que esos roles solo tienen cabida en unas pocas mega-compañías, el dominar todo tipo de disciplinas te hace ser mejor creativo. Sólo hay que ver a los genios del renacimiento o la cocina fusión...
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¿Don Draper o Miguel de Andrés? 
Con todo lo que fuma sería incapaz de trabajar con Draper...

Y ahora, ¿qué quieres ser de mayor?
Jubilado, con una casa en el campo y muchos perros. Bromas aparte creo que, al igual que no existía el trabajo de creador de contenidos (o influencer en la sombra) cuando era pequeño, hoy en día no existe el trabajo al que me dedicaré dentro de 20 años así que mejor dejar la puerta abierta. Quien sabe, lo mismo pivotamos al sector agrario.